Crónicas, Masculino

De las grandes fazañas de Ramírez de Arellano

Corre, Burdeos, corre

La velocidad del Nueva Castilla arrolla a un Independiente que se inventa su motivación

Independiente languidece buscando el final del curso, aplatanado por el sol, invadido de esa nada que te instala en la mitad de la tabla, ni bueno ni malo ni todo lo contrario. A sus espaldas cargando una racha espantosa, terminal; en cinco partidos suma cuatro derrotas y una discreta victoria contra el colista. Se le planta enfrente, bien arropados desde la grada, uno de los dos equipos que aún tienen opciones de ascenso. El duelo de motivaciones estaba perdido antes de empezar.

Ni le dio tiempo a colocarse a la Burdeos cuando cae la primera. El 19, Ramírez de Arellano, se va por velocidad y dibuja una vaselina desde fuera del área sobre la deficiente salida de Negrón. ¿Podía ser fuera de juego? Pues podía ser, o no. La consabida circunstancia de la falta de asistentes del juez principal nos condena a convivir con el fantasma del error (circunstancia fácilmente solucionable ascendiendo de categoría). Si a la dificultad para determinar el fuera de lugar se suma la rapidez del delantero novocastellano poca o ninguna culpa deberá asumir el colegiado. No se molesten en recordar el nombre del autor porque voy a tener la necesidad de repetirlo unas cuantas veces.

Reacciona bien Independiente a esta tempranera bofetada. Calderón se pone ‘cariñoso’, ofreciéndose en todas las combinaciones. El empate llega pronto, apenas en el min 9, tras fallo defensivo en la cobertura de la banda derecha que deja a Javi González solo ante el portero. Pero ni dos minutos duró la alegría; en la siguiente jugada se plantaban los concertados en la frontal del área y, otra vez Ramírez de Arellano, sacaba un zapatazo que se colaba pegadito al palo izquierdo de Ervin.

No estaba solo el heredero del marino y piloto mayor Diego Martínez de Arellano. Notable fue el derroche de trabajo y acoso de Rafa Ortega por delante y la brega y el criterio del mediocentro Javier Tarun García. Nueva Castilla juega con sus líneas muy juntas en la línea del medio campo y frena, con sus también rapidísimos laterales, las salidas por banda de Gerard y Yohel. Los amarillos son un equipo con más recursos que una navajita suiza.

Tras su segunda anotación, los visitantes se hacen con mando en plaza. La verticalidad de su juego es una pesadilla para la defensa burdeos. Isaac, Leyson y un renqueante Echeverz se aburren de correr detrás de los concertados. Pues en otra de estas, otra vez Ramírez de Arellano, recurrente el hombre, le saca tres cuerpos a Martín, se planta y el área para ser arrollado sin miramientos por un Leyson pasadísimo de frenada que arrea un empellón al talentoso delantero rival al que casi manda al Cercanías de Santa Eugenia. Penalti por imposibilidad de cualquier otra cosa. Y gracias que Hernández Fernández no quiso tirar de cartulina. Y como el que se la guisa, se la come, es le propio Ramírez de Arellano quien lo transforma evitando por milimetros los dedos de un Negrón que adivinó las aviesas intenciones del 19.

Acaba la primera parte con de Isaac Mosquera sin levantarse del sintético. Golpe de calor o desgaste. Aquí también tuvimos otro detalle del omnipresente 19, esperando a la recuperación de su rival para marchar a vestuarios. Y es que a un Ramírez de Arellano, la hidalguía se le supone, pero qué lindo es verla transmutarse en deportividad. De aquí en adelante, Don Sergio.

Segunda parte. El partido estaba donde quería NC, aplicado en el control de las embestidas de Independiente que no lo dejaba de intentar. Habiendo visto bodrios profesionales como un Giro de Italia donde se han negado, de facto, a competir, es de agradecer la actitud de los jugadores de Independiente, sin más recompensa en el horizonte que la dignidad de la defensa de una camiseta.

¿Y Calderón? Cuando parecía que lo habíamos perdido de vista, que languidecía, triste, al solazo preveraniego, aparece y se inventa un pase que deja a Javi González solito frente a Alcalde. No pudo de primeras el asturiano pero sí aprovecha el rechace Yohel para arrearle al cuero con las rastas y poner el 2-3. Hay partido otra vez.

Independiente se lo quiere creer y saca las fuerzas y el orgullo que no había derretido el vil Lorenzo vallecano. Y aquí se erige otro protagonista en los visitantes; el portero Javier Alcalde. Un muestrario de paradas descomunales con las que se convirtió en el Courtois del barrio y sacó de quicio a los esforzados delanteros burdeístas.

Pero el solazo y la mejor condición física amarilla devuelven a la ilusionada parroquia burdeos a la puta realidad. En el 79, el recurrente Ramírez de Arellano emula a su antepasado José, para desarbolar todas las líneas de defensa locales y finiquitar el festejo de vaselina barroca. Cuatro goles como cuatro soles. Y no sería porque faltara sol.

Poco más que aplaudir al rival, desearle suerte en el futuro, y agradecer a Don Sergio la exhibición que regaló a la grada.

No hizo mal partido Independiente, dadas las circunstancias, ante un rival superior y que no podía permitirse ni el empate para seguir optando al ascenso. Queda acabar la temporada con la dignidad que exige la camiseta tratando de concentrase en cada partido y empezar a hacer méritos para ganarse un puesto la próxima temporada.

Ya llegará el verano.

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