He necesitado varios días de reflexión para hacer una composición de lugar y poder expresar mis sentimientos tras siete años en el banquillo de Independiente.

Aquí llegué gracias a la invitación de Edu Arroyo, con el que había entrenado los cuatro años anteriores. Más allá de que la propuesta de participar en un proyecto naciente y con unos rasgos sociales muy concretos resultó atractiva, la verdad es que yo hubiera seguido a Edu a cualquier parte, porque compartir equipo y mantener un contacto casi diario con él era lo mejor que me podía pasar.

Rápidamente aprendí que Independiente es mucho más que un club (en ese aspecto dejamos muy pequeño al “mes que un club” del Barcelona). Además de sentir que estábamos haciendo algo para el barrio, lo más valioso que me ha dejado Independiente en este momento de despedida ha sido la gente. Las amistades. Me voy del club mucho más rico de lo que llegué gracias a las relaciones forjadas durante este tiempo. He conocido personas maravillosas que han hecho mi vida mejor y por eso quiero dar las gracias. No voy a poner nombres porque todos saben quiénes son y porque un despiste me podría llevar a omitir a alguien tan importante o más que otras.

Esta última temporada, como todas, no ha estado exenta de dificultades, pero a pesar de todo la terminamos con una sonrisa y con grandes avances en el juego que, en algún momento, creía que no llegarían.

En este sentido quisiera citar a Pablo Muñoz que en un whatsapp me dijo esto cuando terminó la campaña: “8 victorias sin apenas entrenar…la mayoría de las veces sin apenas cambios, rompiendo la imbatibilidad del Inter Victoria (que ha subido), goleando a equipos como El Pozo, empatando a Mar Abierto siendo realmente un descendido que ha quedado cuarto y remontando un 0-3 de visitante al Centro Deportivo Vallecas cuando teníamos un solo cambio”. Este mensaje de Pablo, otra maravillosa persona, lo pongo como homenaje al núcleo duro de jugadores que siguió yendo a entrenar y a jugar hasta el final.

Sería injusto si terminara esta carta abierta sin hacer mención especial a la plantilla de esta última temporada. Como le dije a los jugadores en el vestuario después del último partido ante la Fundación del Rayo, ha sido con diferencia el mejor grupo humano que he dirigido desde que empecé a entrenar a diferentes equipos en 2014 y por eso les estoy muy agradecido. En lo futbolístico creo que todos dieron más de lo que parecían tener en un principio, lo que refleja las ganas que tenían de hacerlo bien. Aquellos que no pudieron entrenar o jugar con regularidad entiendo que fue por razones de fuerza mayor. Ninguno faltó porque sí. Y cuando estuvieron presentes aportaron lo máximo en ganas y esfuerzo.

Muchas gracias a todos, dentro y fuera del campo. Ahora nos veremos al otro lado de la valla.
Le deseo todo lo mejor al club y al equipo, ahora dirigido por Husky. Espero que se haga una campaña excelente y que todos disfruten del fútbol y de formar parte de Independiente de Vallecas.
